Vermut: por qué volvió y cómo tomarlo como corresponde

El aperitivo de los abuelos es el trago del momento. Qué es, cómo se sirve y por qué conquistó a una generación nueva.

Vermut: por qué volvió y cómo tomarlo como corresponde

Hace quince años el vermut era cosa de club de barrio y de abuelos con sifón. Hoy hay vermuterías nuevas abriendo en cada ciudad, etiquetas artesanales que se agotan y una generación entera que descubrió que el aperitivo es un plan en sí mismo. La vuelta del vermut no es moda: es lógica.

Qué es, exactamente

El vermut es vino fortificado e infusionado con botánicos: ajenjo, hierbas, cáscaras, especias. Nació en el Piamonte del siglo dieciocho y llegó al Río de la Plata con la inmigración italiana, donde se volvió costumbre de mediodía de domingo. Rosso, bianco o seco, siempre fue la misma idea: un vino con historia adentro, pensado para abrir el apetito y la conversación.

Por qué volvió

Volvió porque encaja perfecto con la época. Es de graduación amable, así que banca charlas largas. Es barato comparado con la coctelería de autor. Y tiene esa estética heredada —el sifón, la picada, la mesa de mármol— que no necesita inventarse una identidad porque ya la tiene. Las vermuterías nuevas no inventaron nada: le sacaron el polvo a un ritual que estaba intacto.

Cómo se toma

Con hielo, siempre. Un golpe de soda o sifón si lo querés más liviano. La rodaja de naranja es canónica en el rosso; la aceituna, en el seco. Y la regla de oro que ninguna vermutería seria negocia: el vermut no se toma solo, se toma con algo. Maníes, aceitunas, un pedazo de queso, la picada entera si el plan lo amerita.

El horario también es parte de la receta: el vermut es del atardecer para adelante, cuando el día laboral suelta y la cena todavía no apura. Esa franja horaria, que no es hora de trago ni hora de comida, es exactamente el territorio que el vermut vino a recuperar.